GALIZA DESDE SANTANDER
Rosalía
de Castro ``Dejo la casa donde nací, dejo la aldea que
conozco, por un mundo que no he visto. Dejo amigos por extraños, dejo la ribera
por el mar, dejo en fin cuanto quiero bien... ¡Quién pudiera no dejar!``
Galicia
no logra poner freno al progresivo abandono del medio rural y cada año una
media de 30 pueblos se quedan completamente deshabitados.
En
los últimos años la tendencia se ha generalizado en toda Galicia hasta el punto
de que ya no hay ninguna comarca que pueda presumir de no tener ninguna aldea
abandonada.
La
gravedad de la situación, con todo, varía mucho de unos municipios a otros. La
mayoría de los ayuntamientos tienen menos de 10 aldeas abandonadas, pero en los
casos más graves la cifra ronda el centenar. Se trata de los municipios
coruñeses de Ortigueira y As Pontes, que con 92 y 74 entidades de población
vacías encabezan el ranking gallego.
Casi
más que la cifra actual de pueblos abandonados, preocupa la enorme lista de
núcleos de población que están a un solo paso de desaparecer,son pueblos,
lugares o aldeas que tienen cinco o menos de cinco habitantes. La mitad de
ellos están en el interior de Lugo y su supervivencia depende, en muchos
casos, de una sola familia o, incluso, de una persona.
También
hay que decir al respecto,que son muchos de esos lugares olvidados desde hace
decádas que carecen de infraestructuras,
en especial de buenas carreteras,de comodidades que en muchos otros lugares hoy
en día sería impensable vivir con esas carencias básicas.
Son pueblos tan decadentes que llegan al
vacío, al abandono,para convertirse en pueblos fantasmas.
Y
los pocos que se pueden salvar de ese desalojo,ahora con la crisis,tanto la Xunta como los Concellos se
quedan sin medios económicos para solventar esos problemas básicos para vivir
con un mínimo de dignidad
Si
la crisis ha hecho que comprarse un inmueble ya no esté al alcance de
cualquiera, adquirir una aldea puede resultar, paradójicamente, mucho más
asequible. Pueblos enteros en el interior de la comunidad pero también en zonas
de costa se venden por menos de lo que costaría una hipoteca media en cualquier
ciudad. En plena crisis inmobiliaria estas ofertas se han hecho un hueco en el
mercado y son cada vez más los inversores, sobre todo extranjeros, interesados.
La
crisis ha cambiado el perfil de comprador, antes interesados en rehabilitar con
fines turísticos y ahora, particulares con recursos que buscan un lugar
tranquilo como segunda residencia o incluso como vivienda habitual. En su día la Xunta también se planteó el
problema de los pueblos abandonados como una oportunidad de negocio y buscó
inversores dispuestos a apoyar proyectos para devolver la vida a estos núcleos.
La iniciativa no cuajó pero hoy gracias a internet y a la mediación de las
inmobiliarias la venta de aldeas es un negocio rentable.
Esta
es mi visión de esas aldeas decadentes y con mucho encanto,que hago desde Santander con todo el cariño
que tengo a Galiza,en especial a Otigueira.
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